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9 dic. 2010

Mark Rothko

Hizo su primera exposición en 1948, en la Galery of This Century. Sus obras se componen de rectángulos que se sitúan en un fondo de color. Sus bordes no están definidos, y su posición espacial es, por consiguiente, ambigua. Las figuras parecen flotar hacia el espectador, aunque, también, simulan alejarse en un espacio somero similar al que se encuentra en las obras de Pollock. En las pinturas de Rothko, las relaciones cromáticas se entrelazan y se influyen mutuamente dentro del espacio y , además, producen una suave pulsación rítmica. La pintura se vuelve foco de las apreciaciones del espectador.
En sus obras, es notable la influencia del español Joan Miró, quien, durante la década de 1920, pintó formas caligráficas que precían flotar sobre un fondo suave, profundo y opaco.
Las divisiones horizontales de Rothko pueden funcionar de un modo similar a los apisajes horizontales de Miró.
El momento decisivo en la obra de Rothko llegó en 1947, cuando su elección de color se liberó de las funciones descriptivas. Los tonos suaves del espacio de sus acuarelas transformaron sus formas biomorfas y asumieron la organización de la superficie.
Fuente: Cristina Ferreras, Culturas y Estéticas contemporáneas. Puerto de Palos. 2003. pág. 179.

Rothko llegaría a convertirse en uno de los grandes pioneros del arte de la posguerra y, concretamente, en una de las figuras más destacadas del expresionismo abstracto americano, junto con Barnett Newman y Jakson Pollock. Sus creaciones constituyen sentimientos emotivos plasmados a través del óleo. No se trata de un juego de espacios coloreados al estilo de Klein, pues para este el problema fundamental era fijar el valor potencial y expresivo de los colores y así crear una especie de “escenografía del vacío”; ahí no estaba Rothko.
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